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“Nunca me lo imaginé”

Por Urpi Pariona, voluntaria de Chicago, Illinois de

Nunca hubiera imaginado que me convertiría en una ciudadana estadounidense mientras me desempeñaba como voluntaria en mi primera campaña política. Es difícil explicar cómo se sentirá votar por alguien a quien yo admiro tanto y por una visión para la cual he estado trabajando día tras día. Mi historia, aunque un testimonio poco probable, también es un ejemplo de la promesa implícita en la ciudadanía estadounidense.

Motivada por la promesa de una vida mejor para su hija de 11 años en los Estados Unidos, mi madre, como muchos padres inmigrantes, hizo a un lado su carrera y sus sueños para hacer posible los míos. Fui bendecida con profesores y consejeros dedicados que se preocuparon por mí. Como mucha gente joven en este país, yo también trabajé mientras iba a la escuela y a la universidad, aprendiendo de mi madre el valor del trabajo duro, el de tomar riesgos, y el de trazar metas sin dejar de mirar hacia el horizonte. Después de casi 10 años y un grado de bachiller, finalmente me convertí en ciudadana estadounidense. Al alzar mi mano para tomar el juramento de alianza, me encuentro sobrecogida al pensar que es el mismo que han recitado generaciones de estadounidenses desde la creación de este país.

Como yo, ninguna de estas personas aquí presentes en las filas de una corte tomarían la ciudadanía estadounidense como menos de un privilegio por el cual han estado esperando pacientemente por muchos años. Fue un día especial, no sólo para las 150 personas en la ceremonia sino para todo este país, al cual vamos a seguir contribuyendo como ciudadanos americanos. De cierta manera, trabajar como voluntaria para la campaña de Obama es como convertirse en ciudadano estadounidense. Hoy siento que soy parte de algo más grande que mí misma, que hay esperanza en el futuro, y que yo haré lo más que pueda para hacer ese futuro una realidad.

Los dejo con un parte del discurso de inauguración del Presidente Barack Obama, palabras que se quedaron conmigo y que ahora guían mi vida:

“Lo que se nos exige ahora es una nueva era de responsabilidad, un reconocimiento, por parte de cada estadounidense, de que tenemos obligaciones con nosotros mismos, nuestro país y el mundo; unas obligaciones que no aceptamos a regañadientes sino que asumimos de buen grado, con la firme convicción de que no existe nada tan satisfactorio para el espíritu, que defina tan bien nuestro carácter, como la entrega total a una tarea difícil. Éste es el precio y la promesa de la ciudadanía."

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